Jorge Galán (El Salvador)
UNA
MUCHACHA
Conozco
una muchacha que ha dejado de ser muchacha y es una gran tristeza
dentro
de una muchacha de inmensos ojos claros que me recordaban y aún me recuerdan
los
ojos de una vieja muñeca que conocí alguna vez y sus grandes pestañas
parecen
abanicos de seda y su boca parece una fuente de donde viene el alba
y
por eso lamento tanto haber escuchado esa flauta terrible creciendo hacia
dentro de ella
como
el río que viene de las montañas nevadas y se adentra en la cueva hasta
volverse
una
serpiente oscura, subterránea, que transita horadando todo a su paso,
carcomiendo
y fundando en la piedra monumentos que solo pueden mostrar el deterioro.
¿Me
pregunto hace cuánto no se detendrá, ella, la misma, sola bajo el crepúsculo
y
mirará las estrellas tempranas sobre los cerros colmados por una luz tardía
y
luego, bajando la vista, entre los arbustos, sorprenderá lo que solo al ocaso
se sorprende:
las
hadas que alguna vez – esto no lo recuerda – la hicieron volar de una mesa a
una cama
de
una cama a un sillón y de un sillón a la cama otra vez en un vuelo
que
era, lo sé, el mismo que el del diente de león en las briznas ya cálidas de
marzo
y
que a medida que se aleja va cayéndose y dejando una magia amarilla donde
quiera que pasa,
y
lamento tanto, al recordar estas cosas, todos estos motivos más hermosos que
una marea
atrapada
en la pupila asombrada de una anciana que ve por primera vez el mar,
que
esa muchacha ya no sea la muchacha dulce que solía conocer
sino
una tristeza dentro del cuerpo de una muchacha que, alguna vez, no hace mucho,
me
ha tomado una mano y me ha llevado, a través de la niebla,
hasta
salir a un sitio de colinas donde pude otra vez asir el aire con unas manos
tibias
y
donde pude, además, ver el color marrón de las piedras y el verde fresquísimo
del pasto
y
ahora, por todo eso, me apena tanto ver en su pequeña alma, igual que en un
pequeño estanque,
esas
estrellas muertas que nadie ha de mirar,
y
ella misma es una mínima estrella para la cual no hay ojos,
salvo
mis propios ojos amarillos que ella vio y no recuerda o cree no recordar
y
se esconde, tras murallas altísimas erigidas con hierro y miedo y fango, y huye
de mí,
se
esconde como el barco fantasma se esconde de los ojos curiosos tras la niebla
marina.
Pero
un alba nunca es en vano como no puede ser en vano un relámpago ni esa música
que
de su aliento cae como fruta invisible que comí y aún como
y
por eso puedo decir que conozco a una muchacha que ha dejado de ser una
muchacha
y
es una gran tristeza pero que esa tristeza no es más grande que el mundo
y
que yo he visto el mundo en su pupila como una perla azul y sumergida
en
una gota cínica de llanto que secaré en mi dedo cuando haya que secarla…
¿Cuándo
será el instante más propicio de todos para secar el llanto de una dulce
muchacha?
*
UMA
RAPARIGA
Conheço
uma rapariga que deixou de ser rapariga e é uma grande tristeza
dentro
de uma rapariga de imensos olhos que me lembravam e ainda me lembram
os
olhos de uma velha boneca que outrora conheci e as suas grandes pestanas
parecem
leques de seda e a sua boca parece uma fonte de onde surge o alvorecer
e
por isso lamento tanto ter escutado essa flauta terrível crescendo através dela
como
o rio que corre nas montanhas nevadas e se adentra na caverna até converter-se
numa
serpente escura, subterrânea, que transita escavando tudo,
carcomendo
e gravando na pedra monumentos que só podem revelar o dano.
Questiono-me
há quanto tempo não se deterá, ela, sozinha sob o crepúsculo
e
vislumbrará as estrelas matutinas sobre os montes desvendados por uma luz
tardia
e
logo, descendo a vista, entre os arbustos, surpreenderá o que só ao entardecer surpreende:
as
fadas que algum dia – disto não se lembra – a fizeram voar de uma mesa a uma
cama
dessa
cama a um cadeirão e desse cadeirão à cama novamente num voo
que
era, sei-o, o mesmo que o do dente de leão nas ervas já cálidas de Março
e
que à medida que se afasta vai caindo e deixando uma magia amarela onde quer
que passe,
e
lamento tanto, ao recordar estas coisas, todos estes motivos mais belos que uma
maré
presa
na pupila assombrada de uma anciã que vê pela primeira vez o mar,
que
essa rapariga já não seja a rapariga doce que costumava conhecer
mas
sim uma tristeza dentro do corpo de uma rapariga que, algum dia, não há muito,
me
agarrou a mão e me levou, através do nevoeiro,
a
um sítio colinoso onde pude outra vez agarrar o ar com umas mãos tíbias
e
onde pude, além disso, ver a cor encarnada das pedras e o verde fresquíssimo do
pasto
e
agora, por tudo isso, lamento tanto ver na sua pequena alma, como num pequeno
tanque,
essas
estrelas mortas que ninguém haverá de vislumbrar,
e
ela própria é uma mínima estrela para a qual não há olhos,
salvo
os meus próprios olhos amarelos que ela viu e não recorda ou crê não recordar
e
se esconde, por trás das muralhas altíssimas erigidas com ferro e medo e lodo,
e foge de mim,
e
se esconde como o barco fantasma e se esconde dos olhos curiosos no nevoeiro marítimo.
Mas
um alvorecer nunca é em vão como não pode ser em vão um relâmpago nem essa
música
que
da sua respiração cai como fruta invisível que comi e ainda como
e
por isso posso dizer que conheço uma rapariga que deixou de ser rapariga
e
é uma grande tristeza mas essa tristeza não é maior que o mundo
e
que eu vi o mundo na sua pupila como uma pérola azul e imersa
numa
gota cínica de choro que secarei no meu dedo quando haja que secá-la…
Quando
será o instante mais adequado para secar o choro de uma doce rapariga?
--
PASEO DE UNA
NIÑA EN LA PLAYA
Ya sin tocar el suelo, sus pies casi de
agua
se deslizan, lentísimos, sobre la arena
parda
matizada de espuma. Es casi mediodía,
sobre ella las gaviotas planean
dulcemente,
el mar que hizo en la piedra motivo de
su furia
no se atreve en sus pies, retrocede, no
vuelve
sino en rocíos lentos de un azul menos
ávido.
Le toca con su música, con su arrullo y
se vuelve
un amante imposible que encuentra en la
tristeza
el motivo preciso para intentar
dormirle,
hechizarla, volverla su sueño, su
deleite.
Frágil como la rama que a punto de
quebrarse
se aferra al tronco anciano, así el
viento se amarra
a su raíz más honda: su cabello que
ondea
como bandera única de un país exquisito.
Esbelta como el aire que de puntillas
anda
por las altas palmeras, mínima como el
frío
que el corazón del alba guarda en su luz
más íntima,
inmensa como el cielo que habita en la
pupila,
se vuelve la palabra que el día le
musita
a los antiguos siglos: el nombre de su
orgullo.
Con su traje de baño, tan ingenua, tan
simple,
sin sospechar aquello que en su torno
sucede,
o notando, si acaso, la tibieza del agua
o las lentas gaviotas que vagan
dulcemente.
Nada
posee entonces semejante pureza.
*
PASSEIO DE UMA MENINA NA PRAIA
Já sem tocar o chão, os seus pés quase de água
deslizam, lentíssimos, sobre a areia parda
matizada de espuma. É quase meio-dia,
sobre ela as gaivotas adejam delicadamente,
o mar que descarregou no penedo a sua fúria
não se atreve a seus pés, retrocede, não regressa
senão no relento de um azul menos ávido.
Toca-lhe com a sua música, com o seu marulho e se transmuta
num amante impossível que encontra na tristeza
o motivo preciso para tentar adormecê-la,
enfeitiçá-la, transformá-la em seu sonho, em seu deleite.
Frágil como o ramo que a ponto de quebrar-se
se prende ao tronco velho, para que o vento se emaranhe
na sua raiz mais funda: o seu cabelo que ondeia
como bandeira única de um país singular.
Esbelta como o ar que em bicos de pés anda
pelas altas palmeiras, mínima como o frio
que o coração do alvor guarda na sua luz mais íntima,
imensa como o céu que habita na pupila,
se torna na palavra que o dia sussurra
aos antigos séculos: o nome do seu orgulho.
Com o seu fato de banho, tão ingénua, tão simples,
sem suspeitar o que sucedia ao seu redor,
ou sequer reparando na tibieza da água
ou nas lentas gaivotas que vagam delicadamente.
Nada possui então tamanha pureza.
--
RACE HORSE
Para Roxana Elena
Y mira tú, muchacha, de quién viniste a enamorarte,
a quién viniste a amar para toda la vida,
a quién decidiste no olvidar:
es un caballo de carreras, ese muchacho es un caballo de
carreras
y corre siempre junto a la barda colmada por espinos
y sus músculos inflamados siempre a punto de reventarse.
¿Quién lo conduce?
Sus estribos son ríos a los cuales muerde para intentar
romper.
Sus ojos ven un horizonte de fuego al que no puede dejar
de dirigirse.
Sus cascos son de un cristal incorruptible que aniquila a
la piedra.
Su crin es el viento azotado por el relámpago.
Una tormenta tiene donde debió tener un breve corazón,
una tormenta a la cual teme incluso el invierno mismo.
Su imaginación es la misma que la de la montaña
y la del grito que corta el silencio de la montaña
desolada.
No es de fiar.
¿Quién confiaría su alma a una tormenta?
¿Quién brindaría su piel al cuchillo de fuego
o su voz al silencio de la flauta quebrada por el odio?
Y mira tú, muchacha dulce, te abriste como un cofre
lleno de perlas que parecían brotar de la luz misma
y él ni siquiera pudo notarlo, él es un caballo de carreras
y no le importa ni la ciudad ni el camino que lleva a la
ciudad
ni las joyas ni un cuello lleno de joyas ni un cofre
lleno de joyas,
solo le importa el bosque y el campo abierto y la playa
interminable
pero sobre todo la pista, esa pista de grama, arena y
piedra,
y mira tú de quién viniste a enamorarte
a quién quisiste guardar en ti como un corazón nuevo
a quién quisiste abrazar hasta perder los brazos
a quién quisiste mirar hasta cerrar tanto los ojos
que no consigues ya mirar la dicha.
Mira tú, muchacha linda, a quién quisiste amar,
a un obstinado caballo de carreras cuya pista es el
mundo.
*
RACE HORSE
Para Roxana Elena
E
olha tu, rapariga, de quem vieste a apaixonar-te,
a
quem vieste a amar para toda a vida,
quem
decidiste não esquecer:
é
um cavalo de corrida, esse rapaz é um cavalo de corrida
e
corre sempre junto à barda repleta de espinheiros
e
os seus músculos inflamados sempre a ponto de rebentar.
Quem
o conduz?
Os
seus estribos são rios aos quais morde para tentar romper.
Os
seus olhos vêem um horizonte de fogo ao qual não pode deixar de dirigir-se.
Os
seus cascos são de um cristal incorruptível que aniquila a pedra.
A
sua crina é o vento açoitado pelo relâmpago.
Uma
tormenta tem onde devia ter um breve coração,
uma
tormenta temida até pelo próprio Inverno.
A
sua imaginação é a mesma que a da montanha
e
que a do grito que corta o silêncio da montanha desolada.
Não
é de fiar.
Quem
confiaria a sua alma a uma tormenta?
Quem
ofertaria a sua pele à faca de fogo
ou
a sua voz ao silêncio da flauta quebrada pelo ódio?
E
olha tu, rapariga doce, abriste-te como um cofre
cheio
de pérolas que pareciam brotar da própria luz
e
ele nem sequer pôde notá-lo, ele é um cavalo de corrida
e
não lhe importa nem a cidade nem o caminho que leva à cidade
nem
as jóias nem um pescoço cheio de jóias nem um cofre cheio de jóias,
só
lhe importa o bosque e o campo aberto e a praia interminável
mas
sobretudo a pista, essa pista de grama, areia e pedra,
e
olha tu de quem vieste a apaixonar-te
quem
quiseste guardar em ti como um coração novo
quem
quiseste abraçar até perder os braços
quem
quiseste olhar até fechar demasiado os olhos
que
não consegues já olhar o destino.
Olha
tu, rapariga linda, quem quiseste amar,
um
obstinado cavalo de corrida cuja pista é o mundo.
--
LA ADIVINANZA
Mi capa es la tiniebla pero mi sombra es luz.
Se halla en mi mano una moneda dispuesta a la limosna
pero mi voz es lo terrible, cuando así lo desea.
Si dijera esto a un niño le preguntaría ¿Quién soy?
Y sería solo una adivinanza y no un enigma y una
proclamación.
Mi espalda es el invierno que oscurece a los árboles
pero mi rostro es la blancura de la nieve más fría.
Si hundo mi pie en el fango es tan solo en la hierba que
aparece una huella.
Veo, escalones abajo, los incipientes actos de los magos,
y escucho, por encima de mí, las palabras de Dios
en la lengua monumental de sus profetas.
Veo a los ángeles en un palacio interminable
jugando como ínfimos infantes en interminables jardines
y escucho la confesión del viento en los antiguos árboles
y la profecía del mundo en la boca del mar
y revelo la edad de las estrellas a los hombres
y el corazón del hombre a la desolación de los abismos.
El beso de Dios arde en mi frente.
Soy hijo y no puedo ser otra cosa más que hijo.
Los trigales se inclinan a mi paso
y el rey pide consejo y ejecuta conforme lo que digo.
Mi mano es pesada como el hacha de piedra.
Para mis ojos no hay distancia ni tiempo
ni lugar ni cortina ni pared ni secreto.
Sobre mi cabeza los gorriones y las ramas altísimas
y las antiguas torres y el universo mismo.
Bajo mis pies el mundo
y bajo el mundo, los nombres de los muertos.
Si le hablara a los niños, podría preguntarles, fingiendo
ser astuto,
¿Saben los nombres de los muertos?
Mi capa es la tiniebla pero mi sombra es luz
y al revelar aquello que en mí se ha revelado me vuelvo
yo el misterio.
Mi destino es la hora más postrera del hombre:
La claridad penúltima…
El último silencio.
*
A ADIVINHA
A
minha capa é a escuridão mas a minha sombra é luz.
Está
na minha mão uma moeda disposta à dádiva
mas
a minha voz é o terror, quando assim o deseja.
Si
dissesse isto a uma criança questioná-la-ia “Quem sou?”
E
seria só uma adivinha e não um enigma e um anúncio.
A
minha coluna é o Inverno que escurece as árvores
mas
o meu rosto é a brancura da neve mais fria.
Se
afundo o meu pé no pântano é apenas na erva que aparece uma pegada.
Vejo,
escadas abaixo, os incipientes actos dos magos,
e
escuto, acima de mim, as palavras de Deus
na
língua monumental dos seus profetas.
Vejo
os anjos num palácio interminável
brincando
como ínfimos infantes nos intermináveis jardins
e
escuto a confissão do vento nas velhas árvores
e
a profecia do mundo na boca do mar
e
revelo a idade das estrelas aos homens
e
o coração do homem à desolação dos abismos.
O
beijo de Deus arde na minha cara.
Sou
filho e não posso ser mais que um filho.
As
searas curvam-se à minha passagem
e
o rei aconselha-se comigo e executa o que lhe digo.
A
minha mão é pesada como o machado de pedra.
Diante
os olhos não há distância nem tempo
nem
lugar nem cortina nem parede nem segredo.
Acima
da minha cabeça os pardais e os ramos altíssimos
e
as antigas torres e o próprio universo.
Debaixo
dos meus pés o mundo
e,
debaixo do mundo, os nomes dos mortos.
Se
falasse às crianças, poderia perguntar-lhes, fingindo ser astuto,
Sabem
os nomes dos mortos?
A
minha capa é a escuridão mas a minha sombra é luz
e
ao revelar aquilo que em mim se revelou me transformo eu no mistério.
O
meu destino é a hora mais tardia do homem:
A
claridade penúltima…
O
último silêncio.
--
Jorge Galán
(1973; San Salvador, El Salvador)
Tradução: Sandra Santos

