Juan Manuel Macías (Espanha)


Desmontas el recuerdo a su prosodia
plana y perfecta, y sólo dejas eso:
el artefacto y la melancolía.

("Juguete", JMM)


EN ROMANCE

Estas lentas palabras tienen algo
del lento sol que por las tardes últimas
de septiembre se desvanece en plata.
Son el misterio púrpura del vino
que en el lagar renace como un niño
de bulliciosa voz y ojos de anciano.
Estas palabras vienen a los labios
como la luna al filo de una alberca
sentimental, antigua, austera y noble.
Son la tierra mojada, el casto viento
que trenza ensalmos entre las encinas;
el acero templado de coraje;
el mendigo y el rey, que, en la alta hora,
saben verse entre sí como un espejo
del hombre eterno que en silencio muere.
Y son la ciudadela, y son el mármol
que preserva batallas y sentencias,
siempre a salvo del vicio de los días.
Estas lentas palabras son los padres
que nos legaron templos, viejas ropas
y una historia aprendida en los desvanes.
Y son también las nubes sin historia
que edifica el desierto en el cansancio
donde sólo la fe mantiene en vilo
la seda, con el peso de la muerte.

Más allá de las áridas gramáticas,
más allá de los fríos anaqueles,
más allá de las hojas de los años
y más allá de la literatura,
estas lentas palabras son mi sangre,
y arden en ellas muchas vidas juntas,
muchos ojos que miran desde el tiempo,
si las hago volver de sus abismos
para hablarte al oído. Estas palabras
son mi cuerpo hecho trizas por la arena,
mi corazón transido de oleaje,
mi alma recogida en caracola.


*


EM ROMANCE

Estas lentas palavras têm algo
do lento sol que pelas tardes últimas
de Setembro se desvanece em prata.
São o mistério púrpura do vinho
que no lagar renasce como um menino
de buliçosa voz e olhos de ancião.
Estas palavras vêm aos lábios
como a lua à margem de uma poça
sentimental, antiga, austera e nobre.
São a terra molhada, o vento casto
que entrança salmos entre as azinheiras;
o aço munido de coragem;
o mendigo e o rei, que, a altas horas,
sabem ver-se entre si como um espelho
do homem eterno que em silêncio morre.
E são a cidadela, e são o mármore
que preserva batalhas e sentenças,
sempre a salvo do vício dos dias.
Estas lentas palavras são os pais
que nos legaram templos, velhas roupas
e uma história aprendida nos sótãos.
E são também as nuvens sem história
que edifica o deserto no cansaço
onde só a fé mantém insegura
a seda, com o peso da morte.

Mais além das áridas gramáticas,
mais além das austeras estantes,
mais além das folhas dos anos
e mais além da literatura,
estas lentas palavras são o meu sangue,
e ardem nelas muitas vidas juntas,
muitos olhos que observam desde sempre,
se as faço voltar dos seus abismos
para falar-te ao ouvido. Estas palavras
são o meu corpo feito partículas pela areia,
o meu coração transido de mareagem,
a minha alma recolhida em caracol.



*



PARTENIO

El giro del tiovivo es algo más que una conjetura
apenas sustentada en un vago enjambre de mayo.
El giro del tiovivo es aire, aire
que se deshila largamente sobre el clamor de los párpados y el palpitar de las mejillas,
y se adelgaza en un silbo tembloroso para morir frente al mundo,
alegando pasado.
¿Quién conoce el secreto
guardado en el cuello vulnerable de un susurro al oído?

Hagesícora da vueltas en torno al fin del día
sobre un caballito del color fugaz del pensamiento,
y el tiovivo va más y más aprisa,
hacia un éxtasis perplejo de mudanzas, nube
que finge mil paisajes y máscaras, materia
sola que persigue ser silencio.

El tiovivo insiste en su empeño de no llegar a sitio alguno,
en huida perpetua del invierno,
y se comba sobre sí mismo como una interrogación.

Y Hagesícora da vueltas alrededor del miedo de los hombres:
amazona dorada que monta sobre un sueño,
dejando a sus espaldas un perfume de ruinas.

Hay quien dirá que el tiovivo es un embuste,
sólo un terco chirrido de cigarra atormentada
bajo los andamiajes ciegos de la escarcha.
Mas no lo pienses y contempla a Hagesícora dar vueltas
sobre la vida y la muerte, altiva en su inocencia,
con sus cabellos del color incomprensible que gravita en las despedidas.
Contempla a Hagesícora volverse un rumor para siempre
sobre el mundo tendido, ya amapola.

¿Quién conoce el secreto
guardado en el talle quebradizo de una carcajada?


*


PARTENIO

O giro do carrossel é algo mais que uma conjectura
apenas sustentada num vago enxame de Maio.
O giro do carrossel é ar, ar
que desfia largamente sobre o clamor das pálpebras e o palpitar das bochechas,
e se adelgaça numa lufada trémula para morrer em frente ao mundo,
alegando um passado.
                                   Quem conhece o segredo
guardado no pescoço vulnerável de um sussurro ao ouvido?

Hagesicora dá voltas em torno do fim de dia
sobre um cavalito da cor fugaz do pensamento,
e o carrossel vai mais e mais depressa,
em direcção a um êxtase perplexo de mudanças, nuvem
que finge mil paisagens, matéria
só que persegue ser silêncio.

O carrossel insiste no seu intento de não chegar a sítio algum,
em fugida perpétua do inverno,
e se curva sobre si mesmo como uma interrogação.

E Hagesicora dá voltas em redor do medo dos homens:
amazona dourada que monta sobre um sonho,
deixando no ar um perfume de ruínas.

Haverá quem diga que o carrossel é um embuste,
só um obstinado bulício de cigarra atormentada
por baixo dos andaimes cegos da geada.
Mas não penses nisso e contempla Hagesicora a dar voltas
sobre a vida e a morte, altiva na sua inocência,
com os seus cabelos da cor incompreensível que gravita nas despedidas.
Contempla Hagesicora tornar-se um rumor para sempre
sobre o mundo sopitado, já papoila.

Quem conhece o segredo
guardado na cintura quebradiça de uma gargalhada?



*



DESPUÉS DE LA TORMENTA

La sed de los relámpagos no tiene labios
—lengua ardiente tan sólo, lacerada de alucinado verde—,
y el agua de los charcos le puede robar un acorde a la luna.

Lo aprenderéis despacio
si abrís de par en par el vientre de una nube
y guardáis el silencio que late en los umbrales.

Aprenderéis que las hojas de afeitar son un capítulo inconcluso de la ternura
y el espejo un aguacero hecho de años,
y que el cielo y el suelo se quieren con locura,
acaso porque arriba y abajo se deletrean con los mismos vértigos
y el asfalto no puede vivir sin su dosis de estrellas.

Lo aprenderéis despacio,
mientras se aleja la tormenta en su galope sonámbulo
y sólo queda un sordo tambor que insiste al otro lado de la soledad.

Y así, podréis poner en hora vuestra casa
cuando las farolas vuelvan a clavarse en la intemperie
y todo alrededor se pueble de ventanas encendidas
y la tormenta sólo sea un vestigio de muchachas ausentes
que se pintan las uñas de los pies
con un color de luna en llamas
para robarle mil años al agua de los charcos.


*


DEPOIS DA TORMENTA

A sede dos relâmpagos não tem lábios
- língua ardente tão só, lacerada de alucinado verde -,
e a água dos charcos pode roubar um acorde à lua.

Aprendê-lo-eis devagar
Se abrirdes de par em par o ventre de uma nuvem
E guardardes o silêncio que late nos umbrais.

Aprendereis que as lâminas de barbear são um capítulo incompleto da ternura
e o espelho um aguaceiro feito de anos,
e que o céu e o solo se desejam com loucura,
talvez porque acima e abaixo se adivinham com as mesmas vertigens 
e o asfalto não pode viver sem a sua dose de estrelas.

Aprendê-lo-eis devagar
enquanto a tormenta se afaste em seu galope sonâmbulo
e só fica um surdo tambor que insiste do outro lado da solidão.

E assim, podereis definir a hora em vossa casa
quando os faróis voltem a cravar-se na intempérie
e tudo ao redor se povoe de janelas acesas
e a tormenta seja só um vestígio de raparigas ausentes
que pintam as unhas dos pés
com uma cor de lua em chamas
para roubar mil anos à água dos charcos.



*



DICEN LOS QUE SABEN

Se preguntaban por esas cosas inútiles que hacían los hombres para distraer el curso de su vida: los hombres escribían, soñaban, rodaban películas, entonaban canciones, dibujaban, levantaban estatuas y erigían templos para los dioses severos y sonrientes. Pero los hombres sólo acertaban a mirar: miraban el mundo en su perpetua fuga, el misterio del tiempo, el instante implacable del amor, siempre anterior a los labios, al cansancio y a los mapas del cielo. Los hombres inventaron las ciudades, trazaron los caminos y las calles, alisaron los aeropuertos. Y el aullido de su íntimo, pequeño animal lo lastraron de nostalgia, y por eso --dicen los que saben-- nacieron las palabras, con el timbre de sus sílabas para embridar el mundo, para comprenderlo. Pero las palabras también eran el mundo y, como todo lo que los hombres construían, como ellos mismos, estaban hechas de tiempo, eran arena de oro entre los dedos, como las películas que rodaban, incluso como las estatuas inmóviles sobre las que mudaba la luz de días y de noches, la ansiedad, el dolor de la mirada transeúnte por sostener la pureza de un instante. Se preguntaban los dioses por esas cosas inútiles que hacían los hombres. Los dioses crearon el mundo en su felicidad y su presente. Pero los hombres miraban; y en su mirada, la verdadera autoría del mundo, todo su sueño y su vigilia, todo el triste fluir de sus palabras.


*


DIZEM OS QUE SABEM

Interrogam-se por essas coisas inúteis que faziam os homens para se distraírem do decurso da sua vida: os homens escreviam, sonhavam, rodavam filmes, entoavam canções, desenhavam, levantavam estátuas e erigiam templos para os deuses severos e sorridentes. Mas os homens só atinavam quando olhavam: olhavam o mundo na sua perpétua fuga, o mistério do tempo, o instante implacável do amor, sempre anterior aos lábios, ao cansaço e aos mapas do céu. Os homens inventaram as cidades, traçaram os caminhos e as ruas, alcatroaram os aeroportos. E o uivo do seu íntimo, pequeno animal o carregaram de nostalgia, e por isso – dizem os que sabem – nasceram as palavras, com o timbre das suas sílabas para enfeitar o mundo, para compreendê-lo. Mas as palavras também eram o mundo e, como tudo o que os homens construíam, como eles próprios, estavam feitas de tempo, eram areia de ouro entre os dedos, como os filmes que rodavam, inclusive como as estátuas imóveis sobre as quais mudava a luz de dias e noites, a ansiedade, a dor do olhar transeunte por suster a pureza de um instante. Interrogavam-se os deuses por essas coisas inúteis que faziam os homens. Os deuses criaram o mundo e a sua felicidade e o seu presente. Mas os homens olhavam; e no seu olhar, a verdadeira autoria do mundo, todo o seu sonho e a sua vigília, todo o triste fluir das suas palavras.



*



APUNTE SOBRE UNA GOLONDRINA

Sombra sobre la frente.
O Sueño.
La golondrina escribe un lejano azul oscuro
en la pizarra del cielo.
Es tarde, tarde.
La golondrina
ha dibujado el rizo
que cortaron de un ángel proscrito y sin recreo.
La tarde es gris y fresca; la primavera, antigua;
la golondrina pasa y gira, enajenada,
sobre la frente, sobre el encerado
del tiempo.
Pequeña golondrina, vieja sombra,
escribe en letras grandes, limpia mi frente
de pensamientos;
golondrina de años, pasa y deja
sobre mi frente el leve trazo,
el humo frío de tu tarde,
la delicada firma de un recuerdo.


*


APONTAMENTO SOBRE A ANDORINHA

Sombra sobre o rosto.
Ou Sonho.
A andorinha escreve um longínquo azul escuro
no quadro do céu.
É tarde, tarde.
A andorinha
desenhou o caracol
que cortaram de um anjo proscrito e sem recreio.
A tarde é cinérea e fresca; a primavera, antiga;
a andorinha passa e gira, desgovernada,
sobre o rosto, sobre a cera
do tempo.
Pequena andorinha, velha sombra,
escreve em letras grandes, limpa o meu rosto
de pensamentos;
andorinha de anos, passa e deixa
sobre o meu rosto o leve traço,
o fumo frio da tua tarde,
a delicada assinatura de uma lembrança.




*



URDIMBRE
            
                     Para Sandra Santos, poeta

Aprender a mirar desde tus ojos
la urdimbre delicada de los días.
Y todo viene de tan lejos:
alguien lloró cuando hilvanaba el primer hilo
y  la última de las naves se alejaba
como un temblor de oro presagiando la tarde;
como la palabra más alta que nunca acertamos a decir
y se pierde al final de cada sueño,
en una delgadísima memoria de rocío
y un velado perfume
y un cascabel del viento.

Aprender a mirar donde tus ojos
descifran la escritura de los días,
la rara encrucijada donde anida el misterio
como un pájaro herido en la tormenta.
Y en cada instante, una pequeña isla,
un sueño donde anclarse, un deseo que habitar,
la crisálida, la mariposa, su vuelo y su jornada, todo junto;
la flor y su promesa,
latido y fotograma del poema
que es el tiempo y la vida y las historias.

Siempre aprender la luz ante tus ojos,
donde beben y duermen las estrellas, donde pasan
como un trazo de barcos que meditan,
el tapiz de las horas, el aire y sus palacios,
planetas transparentes, leves órbitas
que salvas y sostienes, las canciones
de mil mundos que van a tu mirada
y regresan contigo a la nostalgia.



URDIDURA

           Para Sandra Santos, poeta

Aprender a olhar a partir dos teus olhos
a urdidura delicada dos dias.
E tudo vem de tão longe:
alguém chorou quando tecia o primeiro fio
e a última das naves se afastava
como um tremor de ouro pressagiando a tarde;
como a palavra mais alta que nunca conseguimos dizer
e se perde no final de cada sonho,
numa delgadíssima memória de orvalho
e um velado perfume
e uma cascavel do vento.

Aprender a olhar onde os teus olhos
decifram a escrita dos dias,
a rara encruzilhada onde se aninha o mistério
como um pássaro ferido na tempestade.
E em cada instante, uma pequena ilha.
um sonho onde ancorar-se, um desejo a habitar,
a crisálida, a borboleta, o seu voo e a sua jornada, tudo junto;
a flor e a sua promessa,
latido e fotograma do poema
que é o tempo e a vida e as histórias.

Aprender sempre a luz diante dos teus olhos,
onde bebem e dormem as estrelas, onde passam
como um traço de barcos que meditam,
o tapete das horas, o ar e os seus palácios,
planetas transparentes, leves órbitas
que salvas e susténs, as canções
de mil mundos que vão ter ao teu olhar
e regressam contigo à saudade.



*



PUPITRE

A oscuras las palabras
hay que saber tocarlas
con la misma fe con que se toca un cuerpo.

A veces el viento del corazón las grita demasiado
para su débil condición de barro.
El viento del corazón pasa y confunde
y los labios se paran vencidos de pasado,
imperfecto cuando siempre,
cuando siempre era tarde y sin embargo nadie
terminaba de ponerle un collar de mansedumbre a ciertos verbos transitivos:
«yo tenía», «yo quería»
«yo sabía o podía»...
y sin embargo
un libro se iba pudriendo con todas sus horas ciertas,
con toda su rabia acumulada y triste,
con toda su gramática desconsolada,
abierto siempre por la misma escarcha
en el pupitre en que nunca te sentaste.

A veces las palabras
son sólo calles tendidas que conducen a la fiebre,
y la fiebre no es más que una bufanda tiznada de amarillo noviembre
en la garganta de los niños raros.

Y la lluvia, no olvidemos la lluvia, terca rueca de mundos sin moraleja,
y tanta historia vieja
dormida en los umbrales,
y tanta historia torpemente desprendida
de los catálogos de las diosas rotas,
sucias de ausencia, violeta y tiza.

Pero es la noche ahora, y las palabras
volverán a oscurecer como oscurece un cuerpo,
si las ciudades cierran sus párpados de lejos
y un delicado abismo se vierte en nuestras manos.
Porque sabemos que entre sombra y sombra puede caer una doctrina
y no hay un sí más rotundo que el de tu piel tocada, cantil preciso,
donde las dudas van quebrando, una tras otra, su estéril oleaje.
Y su mudanza.

No hay otra ciencia más clara y sin sordina
que las manos que escuchan y el corazón que toca.
La oscuridad establece su dictamen severo:
que todo puede ser cualquier cosa menos tu cuerpo
si se sabe llegar por el camino más corto,
el que va de alvargonzález a melancolía o nube
pasando por olvido, alberca, circe, berenice, cierzo.

Mira. Hemos llegado de muy lejos
al más difícil lugar de la sintaxis.
Hemos abierto las puertas más extrañas y vimos que ya no había nadie
sino la baraja inútil del tahúr, los restos de algún lunes condenado, una verbena a medio hacer
y un podrido racimo de incertidumbre y miedo.
Todo estaba, finalmente, en nuestras manos.
Tu inventabas palabras cuando alguien apagaba los días
y yo las iba recogiendo para entender por qué una casa
sólo se dibuja con las manos de un niño y no de un arquitecto,
por qué una casa nunca dura para siempre,
por qué el tiempo y el modo y las personas,
y nadie inventó un paraíso para los juguetes rotos y los participios huérfanos de rima.

Mira.
He traído las palabras que inventaste a oscuras,
guardadas en su misma oscuridad.
Todas están aquí, ninguna falta,
incluso las que al mero roce duelen de sal y mar lejano
o aquellas, más indefensas, que si las acaricias demasiado
pueden confundirse fácilmente con una lágrima o un ángel.
Vamos a jugar a las palabras encadenadas.
Pero con el placer que sólo entienden los que juegan en serio.

Sí. En serio. Por favor. Es divertido.

Vamos a ponerlas una a tras otra, con la fe del capricho, con el tacto que inventa los caminos.
Una tras otra, las rescataremos de su lenta agonía de posibilidades,
les traeremos un hogar, una raigambre y un presente imperfecto para siempre,
una tras otra, hacia la luz del día.


*


PÚLPITO

Às escuras as palavras
há que sabê-las tocar
com a mesma fé com que se toca um corpo.

Às vezes o vento do coração grita-as demasiado
para a sua débil condição de barro.
O vento do coração passa e confunde
e os lábios param vencidos de passado,
imperfeito sempre que,
sempre que era tarde e no entanto ninguém
terminava de pôr-lhe um colar de mansidão a certos verbos transitivos:
«eu tinha», «eu queria»
«eu sabia ou podia»…
e no entanto
um livro ia apodrecendo com todas as suas horas certas,
com toda a sua raiva acumulada e triste,
com toda a sua gramática desconsolada,
aberto sempre pelo mesmo orvalho
no púlpito em que nunca te sentaste.

Por vezes as palavras
são só ruas distendidas conduzindo à febre,
e a febre não é mais que um lenço manchado de amarelo Novembro
na garganta dos meninos raros.

E a chuva, não esqueçamos a chuva, teimosa roda de mundos sem moral,
e tanta história velha
adormecida nos umbrais,
e tanta história torpemente solta
dos catálogos das deusas andrajosas,
sujas de ausência, violeta e gesso.

Mas a noite agora, e as palavras
voltarão a escurecer como escurece um corpo,
se as cidades cerram as suas pálpebras de longe
e um delicado abismo verte em nossas mãos.
Porque sabemos que entre sombra e sombra pode cair uma doutrina
e não há um sim mais rotundo o da tua pele tocada, ruína precisa,
onde as dúvidas vão quebrando, uma atrás da outra, a sua estéril mareagem.
E a sua mudança.

Não há outra ciência mais clara e sem surdina
que as mãos que escutam e o coração que toca.
A escuridão estabelece o seu ditame severo:
que tudo pode ser qualquer coisa menos o teu corpo
se sabe chegar pelo caminho mais curto,
o que vai de alvargonzález à melancolia ou nuvem
passando pelo ardil, berenice, pântano, nortada e olvido.

Olha. Chegamos de muito longe
ao mais difícil lugar da sintaxe.
Abrimos as portas mais singulares e vimos que já não havia ninguém
a não ser o baralho inútil do jogador, os restos de alguma segunda condenada, uma festa a estrear
e um corrupto rácio de medo e incerteza.
Tudo estava, finalmente, nas nossas mãos.
Tu inventavas palavras quando alguém apagava os dias
e eu as ia recolhendo para entender por que uma casa
só se desenha com as mãos de uma criança e não de um arquitecto,
por que uma casa nunca dura para sempre,
por que o tempo e o modo e as pessoas,
e ninguém inventou um paraíso para os brinquedos desfeitos e os particípios órfãos de rima.

Olha.
Trouxe as palavras que inventaste às escuras,
guardadas em sua própria escuridão .
Todas estão aqui, nenhuma falta,
inclusive as que ao mero roce doem de sal e mar longínquo
ou aquelas, mais indefesas, que se as acaricias demasiado
podem confundir-se facilmente com uma lágrima ou um anjo.
Vamos jogar às palavras encadeadas.
Mas com o prazer que só entendem os que jogam a sério.

Sim. A sério. Por favor. É divertido.

Vamos colocá-las uma atrás da outra, com a fé da vontade, com o tacto que inventa os caminhos.
Uma atrás da outra, resgatá-las-emos da sua lenta agonia de possibilidades,
dar-lhes-emos um lar, uma origem e um presente imperfeito para sempre,
uma atrás da outra, em direcção à luz do dia.



*



ALGUIEN

Es la noche infinita, como un ánfora,
donde el recuerdo se parece al vértigo;
donde las sombras quieren perfilarse
en cuerpo, en ola, en tempestad, en isla.
Este vago murmullo de silencio
forja de nuevo voces que callaron
para siempre en mi oído. Es la noche
desesperada por la exactitud.
La caverna del cíclope, su aliento
bañando en vino y sangre las palabras
pesadas como piedras sin edad.
El sabor en mis labios del naufragio.
El sabor en mis labios de los besos
de Calipso, en porfía de sus lunas.
El largo cielo de las travesías
que era espejo del mar, y el mismo mar,
inagotable espejo de ese cielo.
Los miembros y las vísceras trillados
por un monstruo de insomnios y leyendas;
los miembros y las vísceras que fueron
antes la voz riendo ante la hoguera
o la mano leal con una lanza.
El incesante coro de sirenas
cuya virtud reside en que, al dejarlo
de oír, vuelve y persiste en su tristeza
y teje de dolor la lejanía.
Los ojos de Nausícaa, que a menudo
se parecían al otoño joven.
Es la noche infinita, y ya no sé
si soy el viajero, el que recuerda,
si mi recuerdo es sueño, si yo mismo
acaso soy el sueño de algún otro;
y no encuentro mi nombre, y tengo miedo
de perderme en la noche para siempre.
Pero de pronto hay un atisbo, un trueno,
la lluvia que amartilla los tejados,
la humilde tierra, ebria de humedad,
tu cuerpo que palpita junto a mí,
tus ojos que no veo y que me miran
desde tu umbría, el remanso en tus labios
que recorren mis dedos, y los surcos
de tu cara, con todas las respuestas,
reconstruyéndome a la luz del tacto.
Esos surcos que dan por fin la forma
a la noche infinita como el mar.


*


ALGUÉM

É a noite infinita, como uma ânfora,
onde a lembrança se assemelha à vertigem;
onde as sombras querem perfilar-se
em corpo, em onda, em tempestade, em ilha.
Este vago murmúrio de silêncio
forja novamente vozes que calaram
para sempre em meu ouvido. É a noite
desesperada pela exactidão.
A caverna do ciclope, o seu alento
banhando em vinho e sangue as palavras
pesadas como pedras sem idade.
O sabor em meus lábios do naufrágio.
O sabor em meus lábios dos beijos
de Calipso, à porfia das suas luas.
O extenso céu das travessias
Que era espelho do mar, e o próprio mar,
inesgotável espelho desse céu.
Os membros e as vísceras trilhados
por um monstro de insónias e lendas;
os membros e as vísceras que foram
antes a voz rindo ante a fogueira
ou a mão leal como uma lança.
O incessante coro de sirenes
cuja virtude reside em que, ao deixar
de ouvi-lo, volta e persiste na sua tristeza
e tece de dor a distância.
Os olhos de Nausicaa, que frequentemente
se assemelhavam ao Outono jovem.
É a noite infinita, e já não sei
se sou o viajante, o que recorda,
se a minha lembrança é sonho, se eu próprio
sou por acaso o sonho de algum outro;
e não encontro o meu nome, e tenho medo
de perder-me na noite para sempre.
Mas de repente há um vislumbre, um trovão,
a chuva que bate nos telhados,
a humilde terra, ébria de humidade,
o teu corpo que palpita junto a mim,
os teus olhos que não vejo que me olham
desde o teu umbral, a curvatura em teus lábios
que percorrem os meus dedos, e as rugas
da tua cara, com todas as respostas,
reconstruindo-me à luz do tacto.
Essas rugas que dão por fim a forma
à noite infinita como o mar.


*






Juan Manuel Macías (Cartagena, Madrid, Espanha; 1970)

Tradução: Sandra Santos

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